jueves, 2 de junio de 2011

Cómo no lo voy a querer si me mantiene

Escuché esta frase mientras hacía fila en un Oxxo. Se trataba de una pareja de 70 años aproximadamente. El hombre esperaba en fila delante de mí mientras la mujer iba y venía buscando lo que había que comprar. Cuando le tocó el turno, él me cedió el paso diciendo que esperaba a su esposa quien apareció un momento después con las manos llenas de bolsas de productos desechables. Al verla, él le dijo que comprara algo más, señalando con el dedo índice hacia dónde dirigirse. Ella, obedientemente le entregó los paquetes y fue en la dirección que su esposo le indicó. Cuando regresó a la fila, no pude evitar voltear a mirarla.

-Ay mi viejo tan lindo, dijo sonriéndome. -¿Cómo no lo voy a querer si me mantiene? su sonrisa se endulzó a la vez que se hizo tímida.-Pues claro, si le doy todo. Respondió el marido envalentonado -Cómo no me va a querer.

El dialogo flotó en el aire como si fuera una declaración de amor. La cajera, una mujer de 35 años aproximadamente, soltó un gran suspiro mirando a la pareja y respondió emotiva -...Cuídelo... qué bueno que todavía lo tiene...

Nos quedamos en silencio, la nube de amor se hizo más densa. Salí del establecimiento con varias sensaciones encontradas. La mirada de total aceptación de la mujer que en su contexto se siente afortunada; la postura del hombre dando ordenes con el dedo y la congratulación posterior de la cajera. 

Me cuestioné de nuevo y hasta el cansancio el papel de la mujer en nuestro país, en nuestro tiempo y la afirmación del rol de ese hombre y de tantos otros.

Me quedé pensando en esa mujer que sin saber nada más de ella me dijo tanto acerca de sí misma. Si me mantienes, te quiero. ¿Te quiero porque me mantienes? Entonces, si no me mantienes ¿no te quiero? Y si te quiero porque me mantienes ¿eso me hace estar a tu servicio con una sonrisa y mi agradecimiento?

Me doy cuenta de lo difícil que es ubicarnos como mujeres jóvenes o maduras en un mundo y en un momento en el que ni hombres ni mujeres queremos ya lo mismo pero no sabemos cómo adaptarnos uno con el otro a algo distinto. ¿Cómo despojarnos de la demandante exigencia social y económica y acoplar una dimensión más justa y libre de las predisposiciones actuales de relación mutua?


1 comentario:

Unknown dijo...

Tema inagotable...