Espacio abierto e ilimitado donde puedo al fin soltar el dolor de aquellos días cuando hecha astillas, la roca de mar me vio partir. Por meses me perdí en la noche del día, mi corazón enmudeció tratando a ciegas de reconocer su lugar. Poco a poco y a tientas, salí paso a paso de un rincón cerrado y obscuro donde con cincel y a base de golpes, dejé al descubierto la historia, la piel, la mentira, el pasado, el adiós. Hoy mis brazos son mi cobijo, en mis manos sostengo un corazón lleno de amor. Me dejo envolver de rayos de sol, me arrulla el canto de un grillo, agradezco el aliento de mi vida, retador. Hoy me abro a un espacio infinito de luz.