Cuando el amanecer parece no llegar y sin fallo la luz entra
por mi ventana, desde mi balcón, me separo del mundo. Me empuja el viento, me golpea la corriente, me arrastra el remolino. Nado a brazo partido persiguiendo mi sueño. Ya no camino, ni vuelo mirando a las alturas, busco el infinito. Desde mi balcón todo es posible,
pero mi cuerpo pesa, duelen los huesos. Los minutos no alcanzan, se llevan la
vida. Ya es Enero.